Bosque con hongos silvestres

Aprende — Micoturismo y Etnomicología

El hongo no pertenece
al que lo encuentra

«Pertenece al bosque, a la lluvia, a los que lo han conocido por siglos.»

¿Qué es el micoturismo?

El micoturismo es una forma de turismo de naturaleza centrada en la observación, identificación, recolecta y comprensión de los hongos silvestres en su hábitat natural. Va más allá de la simple recolecta: es una experiencia de inmersión en el ecosistema del bosque, en los ciclos estacionales y en el conocimiento de las especies que lo habitan.

A diferencia del turismo convencional, el micoturismo requiere un guía experto, respeto estricto por el ecosistema, y una disposición genuina para aprender. No se trata de extraer recursos del bosque — se trata de entender la red de relaciones que los hongos sostienen.

En México, el micoturismo está emergiendo como una actividad de alto valor cultural, ecológico y económico, especialmente en regiones con alta diversidad micológica y comunidades indígenas con conocimiento ancestral del reino fungi.

México: uno de los centros de diversidad micológica del mundo

México alberga cerca de 200,000 especies de hongos estimadas, de las cuales solo alrededor del 3.5% han sido documentadas científicamente —cifra calculada por Gastón Guzmán en su inventario seminal de 1998. [1] Con más de 350 especies de hongos comestibles registradas y cerca de 50 consideradas tóxicas, el territorio mexicano es uno de los más ricos del planeta en diversidad fúngica.

Esta riqueza es el resultado de millones de años de evolución en ecosistemas de alta complejidad —bosques templados de pino-encino, bosques mesófilos de montaña, selvas tropicales y zonas semiáridas— combinados con milenios de conocimiento indígena sobre las especies, sus usos, sus ciclos y sus relaciones ecológicas.

Los estados con mayor diversidad micológica documentada incluyen Oaxaca, Veracruz, Estado de México, Michoacán, Hidalgo, Guerrero, Puebla, Tlaxcala y Guanajuato —precisamente las regiones donde Simbiosis opera sus tours de recolecta.


Etnomicología: el conocimiento que viene de los pueblos

La etnomicología es la disciplina científica que estudia las relaciones entre los seres humanos y los hongos a través de la historia, la cultura, la gastronomía, la medicina y la espiritualidad. El término fue acuñado por el banquero y etnobótanico estadounidense R. Gordon Wasson en la década de 1950 —con su publicación en Life Magazine (1957) sobre los hongos sagrados mazatecos— aunque el conocimiento que describe tiene miles de años de antigüedad.

Sin embargo, el edificio científico de la etnomicología mexicana fue construido en gran medida por un micólogo mexicano: Gastón Guzmán Huerta.


Gastón Guzmán: el padre de la micología mexicana

Gaston Guzman Huerta o portada The Genus Psilocybe

Guzmán, G. (1983). The Genus Psilocybe. Beihefte zur Nova Hedwigia, 74. J. Cramer, Vaduz.

Xalapa, Veracruz, 1932–2016

Gastón Guzmán Huerta fue micólogo, curador, antropólogo y la figura más importante de la micología mexicana del siglo XX. Fundó la Colección de Hongos del Herbario de la ENCB-IPN en 1955 —la más grande e importante de América Latina— y describió más de 200 nuevas especies de hongos en el mundo. [2]

Su monografía de 1983, The Genus Psilocybe, sistematizó por primera vez todas las especies de hongos psilocibios conocidas —su historia, distribución y química. Más de la mitad de las especies de Psilocybe actualmente reconocidas fueron descritas por Guzmán y sus colaboradores. [3]

En 1997 publicó Los nombres de los hongos y lo relacionado con ellos en América Latina —el primer inventario etnónimico de hongos del continente, con más de mil nombres en español e idiomas indígenas. Fue cofundador y expresidente de la Sociedad Mexicana de Micología y expresidente de la Asociación Latinoamericana de Micología.

En 1990 escribió Wasson and the Development of Mycology in Mexico, situando críticamente la contribución de Wasson dentro del contexto de la ciencia micológica mexicana —evidenciando quién construyó el edificio científico sobre el que Wasson abrió la primera puerta. [4]


Las nanacateras: guardianas del conocimiento

En muchas comunidades indígenas del centro y sur de México, las mujeres que recolectan hongos reciben el nombre de nanacateras —del náhuatl nanácatl (hongo) y el sufijo de agente -era. Son el eslabón entre el bosque y la comunidad: conocen los nombres de cada especie en su lengua, saben en qué árbol crece cada hongo, en qué época, a qué altitud y cómo prepararlo.

Este conocimiento, transmitido de madres a hijas durante siglos, es una forma de ciencia ecológica sofisticada. Garibay-Orijel et al. (2007) demostraron que las mujeres son las principales transmisoras del conocimiento etnomicológico y las que sostienen la mayor diversidad de uso de hongos silvestres en comunidades Zapotecas de Oaxaca. [5]

Simbiosis trabaja directamente con nanacateras de seis estados: Guanajuato, Michoacán, Estado de México, Puebla, Hidalgo y Oaxaca —de comunidades Otomíes, Purépecha, Mazatecas, Zapotecas, Tlahica-Pjak'óo y Ñiñu. Su participación en los tours no es decorativa: es la fuente del conocimiento que compartimos.

Nanacatera con cosecha de hongos silvestres

Nanacatera con cosecha de hongos silvestres.


Pueblos y saberes micológicos

Comunidad indigena
Recolecta en bosque

Otomíes (Hñahñu)

Estado de México · Hidalgo · Querétaro

Uno de los inventarios micológicos indígenas más documentados de México. Reconocen más de 60 especies comestibles con nombres específicos en hñahñu, incluyendo distinciones ecológicas que no siempre aparecen en la literatura científica. [6]

Burrola-Aguilar et al. (2018)

Purépecha

Michoacán

La región lacustre de Pátzcuaro y la meseta purépecha albergan un conocimiento micológico profundo vinculado a sus bosques de pino y oyamel. La temporada de hongos es evento social y económico comunitario. [7]

Farfán-Heredia et al. (2018)

Mazatecos

Sierra de Oaxaca

Mundialmente reconocidos por su relación con los hongos psilocibios —Psilocybe caerulescens y Psilocybe mexicana— utilizados en veladas de sanación. María Sabina (1894–1985), de Huautla de Jiménez, fue la primera en abrir estas prácticas al mundo occidental a través de Wasson en 1955.

Zapotecos

Sierra Norte y Valles Centrales, Oaxaca

Garibay-Orijel (2009) documentó más de 80 nombres zapotecos de especies fúngicas —trabajo lingüístico y etnobiológico sin precedente. [8]

Garibay-Orijel (2009)

Tlahica-Pjak'óo

Estado de México (Ocuilan, Valle de Bravo)

Uno de los grupos indígenas menos documentados de México. Habita bosques de pino, oyamel y encino entre 2,200 y 3,400 msnm, con excepcional biodiversidad fúngica.

Ñiñu (Mazahua)

Estado de México · Hidalgo

La recolecta complementa la economía familiar durante la temporada de lluvias. Conocen especies y preparaciones únicas que reflejan siglos de adaptación culinaria al ecosistema.


El hongo en el cosmos mesoamericano

Representacion mesoamericana de hongos sagrados

Representación mesoamericana de hongos sagrados.

Las «piedras hongo» —esculturas con rostro humano encontradas en Guatemala y el sur de México— datan de entre 1000 a.C. y 900 d.C. y se interpretan como representaciones rituales vinculadas a cosmovisión y sanación.

En el Códice Vindobonensis (mixteca, siglo XIV) aparecen representaciones de hongos en contextos rituales. Fray Bernardino de Sahagún documentó en el Códice Florentino (siglo XVI) el uso ceremonial de hongos entre los aztecas, referidos como teonanácatl («carne de los dioses»).

Guzmán dedicó buena parte de su obra a documentar estas referencias prehispánicas y coloniales, ampliando y corrigiendo el trabajo inicial de Wasson con rigor taxonómico y perspectiva mexicana. Su capítulo The Sacred Mushroom in Mesoamerica (1992) es referencia fundamental. [9]


Ecología del bosque fúngico: por qué el micoturismo responsable importa

Hongo en bosque
Cordyceps militaris en campo

Los hongos que recolectamos son los cuerpos fructíferos de organismos cuya mayor parte (el micelio) permanece bajo tierra. La recolecta responsable no daña al organismo fúngico cuando se hace correctamente.

Sin embargo, la sobreexplotación sí es un riesgo real. Estudios en México y Europa han documentado el declive de poblaciones de hongos silvestres en áreas de alta presión turística. [10] Por eso operamos con grupos pequeños, en zonas rotativas y con educación activa sobre el ecosistema.

Los hongos micorrízicos —como el Porcini (Boletus edulis) o los Cantarelos (Cantharellus cibarius)— no pueden cultivarse en laboratorio porque dependen de la relación viva con su árbol hospedero. Cuando el bosque se degrada, estas especies desaparecen. [11]

El micoturismo, bien practicado, es una de las mejores herramientas de conservación: genera ingresos para las comunidades que custodian el bosque y crea incentivos económicos para no deforestar.

Los tours de Simbiosis: micoturismo con raíz

El resultado de más de una década de relaciones con comunidades, bosques y chefs —una red de conocimiento construida desde el respeto y la curiosidad genuina.

  • Temporada: junio a octubre, durante las lluvias
  • Grupos pequeños: cupos limitados para garantizar la experiencia y el cuidado del ecosistema
  • Guía: Arif Towns Alonso, con más de 10 años de práctica en campo
  • Chefs invitados: cocinamos lo que encontramos con chefs especializados en ingredientes del territorio
  • Comunidades: las nanacateras son parte activa de la experiencia, no decorado

Referencias científicas

  1. Guzmán, G. (1998). Inventorying the fungi of Mexico. Biodiversity and Conservation, 7(3), 369–384. doi:10.1023/A:1008833829473
  2. Guzmán-Dávalos, L. (2016). Dr. Gastón Guzmán, 50 años como micólogo. Scientia Fungorum, 47. scientiafungorum.org.mx
  3. Guzmán, G. (1983). The Genus Psilocybe. Beihefte zur Nova Hedwigia, 74. J. Cramer, Vaduz. ISBN: 978-3768254748.
  4. Guzmán, G. (1990). Wasson and the development of Mycology in Mexico. En: Riedlinger, T.J. (ed.), The Sacred Mushroom Seeker. Ethnomycological Studies 11: 83–110. Dioscorides Press.
  5. Garibay-Orijel, R. et al. (2007). Understanding cultural significance, the edible mushrooms case. J. Ethnobiol. Ethnomed., 3(1), 4. doi:10.1186/1746-4269-3-4
  6. Burrola-Aguilar, C. et al. (2018). Ethnomycological knowledge in three communities in Amealco, Querétaro. J. Ethnobiol. Ethnomed. doi:10.1186/s13002-017-0202-7
  7. Farfán-Heredia, B. et al. (2018). Cultural, economic, and ecological factors in Purépecha markets. J. Ethnobiol. Ethnomed. doi:10.1186/s13002-018-0269-9
  8. Garibay-Orijel, R. (2009). Los nombres zapotecos de los hongos. Rev. Mex. Micología, 30, 43–61. Scielo
  9. Guzmán, G. (1992). The Sacred Mushroom in Mesoamerica. En: Miyanishi, T. (ed.), The Ancient Maya and Hallucinogens, pp. 75–95. Wakayama University.
  10. Martínez-Peña, F. et al. (2012). Effects of forest management on sporocarp production. Forest Ecology and Management, 278, 62–69. doi:10.1016/j.foreco.2012.04.030
  11. Boa, E. (2004). Wild edible fungi: a global overview. FAO. fao.org

Para seguir aprendiendo

  • Guzmán, G. (1977). Identificación de los hongos: comestibles, venenosos, alucinantes y destructores de la madera. Limusa, México.
  • Wasson, R.G. & Wasson, V.P. (1957). Mushrooms, Russia and History. Pantheon Books. Archive.org
  • Sheldrake, M. (2020). Entangled Life. Random House. merlinsheldrake.com
  • Sociedad Mexicana de Micología — Scientia Fungorum: scientiafungorum.org.mx
  • Index Fungorum: indexfungorum.org
  • MycoBank: mycobank.org

En Simbiosis llevamos desde 2014 construyendo puentes entre la ciencia micológica,
el conocimiento indígena y el bosque vivo.