Cuando fray Bernardino de Sahagún compiló el Códice Florentino en el siglo XVI, registró con extrañeza cómo los mercaderes mexicas comían honguillos especiales antes de que sonaran las trompetas de caracol, sin comer nada más, solo bebiendo chocolate durante la noche. Llamó a esos hongos teonanácatl — palabra náhuatl que se traduce como carne de los dioses.
Un nombre que sobrevivió sin dueño
Durante siglos, la identidad exacta del teonanácatl permaneció en la oscuridad. Ningún grupo indígena contemporáneo usa hoy ese vocablo específico. La confusión inicial llevó a identificarlo erróneamente con el género Panaeolus, un error ampliamente repetido en la literatura hasta que el micólogo mexicano Gastón Guzmán corrigió el registro de forma sistemática: Panaeolus nunca fue usado tradicionalmente en México. La especie candidata más sólida es Psilocybe caerulescens, conocida entre nahuas actuales como teotlaquilnanácatl.
Los códices como evidencia visual
Más allá del texto de Sahagún, los códices mixtecos —región que concentra la mayor diversidad mundial de especies de Psilocybe — conservan imágenes de figuras sosteniendo hongos en contextos claramente rituales. El Códice Vindobonensis y el Códice Magliabechiano incluyen representaciones que estudios posteriores interpretan como evidencia iconográfica del culto prehispánico a estos hongos, vinculado en algunas lecturas al culto de Quetzalcóatl.
Cincuenta y tres especies, una sola pregunta persistente
Hoy se conocen 53 especies alucinógenas de Psilocybe en México — la mayor diversidad de este género en el mundo — pero el uso ceremonial documentado sobrevive solo entre ciertos pueblos originarios de Oaxaca. La identidad exacta del teonanácatl de Sahagún, según reconoce la propia literatura especializada, sigue sin resolverse por completo después de casi cinco siglos.
Referencias
- Guzmán G. Hallucinogenic mushrooms in Mexico: an overview. Econ Bot. 2008;62(3):404-412. DOI: 10.1007/s12231-008-9033-8