En las paredes de hormigón del reactor número cuatro de Chernóbil crece algo que desafía la lógica biológica más elemental: hongos negros que no solo sobreviven a la radiación ionizante, sino que parecen buscarla activamente. El fenómeno se llama radiotrofia, y desde hace dos décadas obliga a repensar los límites de lo que la vida fúngica es capaz de metabolizar.
Hongos que crecen hacia la radiación
En 2004, un equipo liderado por la micóloga ucraniana Nelli Zhdanova documentó algo inusual en cepas de hongos aislados de la zona de exclusión de Chernóbil: expuestas a fuentes direccionales de radiación beta y gamma, las hifas de estos hongos melanizados crecían orientándose hacia la fuente radiactiva, no alejándose de ella. El experimento eliminó la variable del carbono como recurso, aislando el efecto de la radiación per se sobre el crecimiento fúngico.
Melanina: la molécula que cambia bajo radiación
Tres años después, el equipo de Ekaterina Dadachova en el Albert Einstein College of Medicine identificó un mecanismo molecular plausible. La radiación ionizante altera la estructura electrónica de la melanina — el mismo pigmento que protege nuestra piel del sol — aumentando su capacidad de transferir electrones. En cepas melanizadas de Cryptococcus neoformans, Wangiella dermatitidis y Cladosporium sphaerospermum expuestas a niveles de radiación cientos de veces superiores al fondo natural, el crecimiento medido en biomasa e incorporación de carbono radiactivo fue significativamente mayor que en cepas sin melanina. La melanina, sugiere el estudio, podría operar como una suerte de antena bioquímica capaz de capturar y aprovechar energía radiactiva.
De la zona de exclusión a la Estación Espacial Internacional
La pregunta natural fue si esta capacidad podía tener aplicación fuera de la Tierra. En 2022, un experimento cultivó Cladosporium sphaerospermum a bordo de la Estación Espacial Internacional durante un periodo de exposición a radiación cósmica, comparando su crecimiento contra un control terrestre y midiendo los niveles de radiación por debajo de la biomasa fúngica formada. El hongo creció aproximadamente 1.21 veces más rápido en el espacio que en tierra, y se registró una reducción medible de radiación bajo la capa fúngica respecto al control sin crecimiento — evidencia preliminar de que una biopelícula de hongo melanizado podría funcionar como escudo radiológico parcial.
Hacia dónde apunta la investigación
El interés no es anecdótico: la radiación cósmica es uno de los principales obstáculos para misiones tripuladas de larga duración, y el blindaje convencional es pesado y costoso de transportar. Un material biológico capaz de autorregenerarse y crecer usando la propia radiación como fuente de energía abre una línea de investigación en biotecnología de soporte vital espacial — utilización de recursos in situ, biomateriales autosuficientes y, quizás, arquitecturas fúngicas para hábitats extraterrestres.
Referencias
- Zhdanova NN, Tugay T, Dighton J, Zheltonozhsky V, McDermott P. Ionizing radiation attracts soil fungi. Mycol Res. 2004;108(Pt 9):1089-1096. PMID: 15506020. DOI: 10.1017/s0953756204000966
- Dadachova E, Bryan RA, Huang X, et al. Ionizing radiation changes the electronic properties of melanin and enhances the growth of melanized fungi. PLoS One. 2007;2(5):e457. PMID: 17520016. DOI: 10.1371/journal.pone.0000457
- Averesch NJH, Shunk GK, Kern C. Cultivation of the dematiaceous fungus Cladosporium sphaerospermum aboard the International Space Station and effects of ionizing radiation. Front Microbiol. 2022;13:877625. PMID: 35865919. DOI: 10.3389/fmicb.2022.877625