Hay fotógrafos que hacen imágenes bonitas de hongos. Y hay fotógrafos que, cuando apuntan la cámara a un hongo, están documentando simultáneamente una especie, un ecosistema, una relación cultural de siglos entre esa especie y las comunidades que la conocen, y un momento efímero — porque los hongos duran días, a veces horas. César Kevin Pérez Pacheco es de los segundos.
De la curiosidad al campo
César Kevin es micólogo, fotógrafo de naturaleza y divulgador científico especializado en hongos silvestres mexicanos. Su trayectoria combina rigor taxonómico con vocación divulgativa: ha publicado investigaciones en Scientia Fungorum — la revista de la Sociedad Mexicana de Micología, publicación arbitrada del Instituto de Biología de la UNAM — y al mismo tiempo ha producido obras de arte visual y piezas de divulgación que llevan la micología a audiencias que nunca abrirían una revista científica.
Su trabajo de campo lo ha llevado a los bosques de Oaxaca (especialmente la Sierra Sur y la región de San Esteban Atatlahuca), el Estado de México, Puebla y otras regiones de alta diversidad fúngica. Cada salida al campo combina investigación taxonómica — identificación de especies, documentación de distribución, relaciones con comunidades locales — con la caza fotográfica de imágenes que capturen la especificidad y la rareza de cada especie.
El Cartel de Hongos Silvestres Comestibles de México
Su obra más conocida es probablemente el Cartel de Hongos Silvestres Comestibles de México, creado junto con Alonso Cortés-Pérez y el micólogo estadounidense Alan Rockefeller. El cartel documenta las especies fúngicas más populares y comercializadas en México — las que se encuentran en mercados de temporada, los que las nanacateras llevan al tianguis, los que las familias han comido en agosto durante generaciones — con fotografía de campo, determinación taxonómica y nombres comunes en español.
Sobre el proceso, César Kevin lo describió así: "Detrás de cada fotografía existe un gran esfuerzo, dedicación y pasión por los hongos, desde la planeación de explorar el bosque e investigación, hasta la selección y edición en digital."
El cartel incluye las especies más comunes, populares y comercializadas del país, con su determinación taxonómica y los nombres más frecuentes en español. Fue posible gracias a la colaboración y contribución de comunidades, bosques, amigos y colegas — una forma de hacer ciencia que reconoce explícitamente que el conocimiento sobre los hongos mexicanos no es solo de las instituciones académicas, sino también de las comunidades que los han conocido durante siglos.
Ciencia y arte: la serigrafía como formato
Además de la fotografía, César Kevin trabaja con serigrafía — un proceso de impresión artesanal que implica diseñar una imagen específicamente para ese medio y producirla en edición limitada. Las serigrafías de César Kevin son piezas de colección que documentan hongos específicos con el mismo rigor de identificación que sus fotografías científicas, pero con el lenguaje formal del arte gráfico.
Esta doble vida — científico y artista — no es una contradicción. Es una respuesta a un problema real: la ciencia de los hongos es extraordinariamente rica, pero sus formatos de comunicación (artículos en revistas arbitradas, monografías, claves taxonómicas) son inaccesibles para el público general. El arte puede hacer lo que la ciencia formal no hace: generar asombro, deseo, identificación. Hacer que alguien que nunca leyó un artículo de micología quiera saber cómo se llama ese hongo, de dónde viene, qué hace.
El cartel de hongos oaxaqueños: documentar lo que puede desaparecer
César Kevin también participó en el cartel de 59 fotografías de hongos endémicos de San Esteban Atatlahuca, Oaxaca — un proyecto que documentó cuatro años de investigación en las comunidades mixtecas de ese municipio. El cartel es simultáneamente un documento científico, un material de divulgación para las 11 comunidades del municipio y un acto de reconocimiento del conocimiento etnomicológico de las comunidades locales.
El proyecto fue iniciado por Osvaldo Sandoval Bautista, quien contó con el apoyo de César Kevin en la parte de diseño, junto con Alan Rockefeller en la determinación taxonómica. Es un modelo de colaboración que combina el conocimiento indígena local, la fotografía de campo y la taxonomía académica — sin que ninguno de los tres elementos domine o subsuma a los otros.
Por qué importa este tipo de trabajo
México tiene entre 200,000 y 400,000 especies de hongos estimadas — la mayoría sin describir. Sus bosques albergan una diversidad fúngica extraordinaria que enfrenta presiones crecientes: deforestación, cambio climático, pérdida del conocimiento etnomicológico de las comunidades que los conocen. Documentar ese patrimonio — con rigor científico, con belleza fotográfica, con conexión a las comunidades — es un acto de conservación cultural y natural al mismo tiempo.
El trabajo de César Kevin es parte de esa respuesta. No como un proyecto solitario, sino como parte de una red de micólogos, fotógrafos, comunidades y divulgadores que están construyendo, pieza a pieza, un archivo del universo fúngico mexicano antes de que partes de él desaparezcan.
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