Etnomicología: cuando el hongo fue medicina, alimento y portal

En 1957, el banquero estadounidense R. Gordon Wasson publicó en la revista Life un reportaje titulado “Seeking the Magic Mushroom” que cambió para siempre la relación de Occidente con los hongos psilocibios. Era la primera vez que un no-indígena documentaba públicamente la ceremonia del velada mazateca con Psilocybe spp. — guiado por la curandera María Sabina en Huautla de Jiménez, Oaxaca. El reportaje llegó a millones de lectores y desencadenó una avalancha de interés que aún continúa. También, involuntariamente, atrajo un turismo que perturbó profundamente la comunidad de Huautla y la propia vida de María Sabina.

Ese episodio condensa el problema central de la etnomicología: el encuentro entre el conocimiento indígena sobre hongos y el mundo occidental raramente ha sido simétrico ni respetuoso. Pero la disciplina misma — cuando se practica con rigor y humildad — revela algo extraordinario: que los hongos han sido protagonistas de la historia humana mucho más de lo que la narrativa dominante reconoce.

El término que lo inició todo

La etnomicología como campo formal nació con el mismo Wasson, que acuñó el término en 1956. Antes de convertirse en investigador de hongos, Wasson era vicepresidente del banco J.P. Morgan y un entusiasta amateur de las setas europeas, fascinado por la diferencia cultural radical entre los pueblos “micofóbicos” (que temen los hongos, como buena parte de los anglosajones) y los “micofílicos” (que los celebran, como rusos, polacos, mexicanos e italianos). Esa diferencia cultural lo llevó a preguntar: ¿por qué culturas tan diferentes tienen relaciones tan distintas con el mismo reino?

La respuesta, que Wasson exploró el resto de su vida, es que la relación con los hongos refleja algo fundamental sobre la cosmovisión de cada cultura — su relación con la naturaleza, con lo sagrado, con los estados alterados de conciencia y con la muerte.

Los hongos en Mesoamérica: mucho más que el teonanácatl

La narrativa sobre hongos en México tiende a reducirse a los hongos psilocibios — el teonanácatl (“carne de dios” en náhuatl) y las ceremonias mazatecas. Pero el uso de hongos en Mesoamérica fue mucho más amplio y cotidiano.

  • Los códices aztecas y las crónicas coloniales registran nombres específicos para docenas de especies — no solo las psicoactivas. El Códice Florentino de Sahagún (siglo XVI) documenta hongos comestibles con sus nombres en náhuatl, sus propiedades culinarias y sus valores de mercado en el tianguis de Tlatelolco.
  • El huitlacoche (Ustilago maydis) — el hongo parásito del maíz — era alimento habitual de la dieta mexica y hoy es considerado una delicadeza culinaria. Los españoles lo consideraron una plaga del maíz; las culturas indígenas lo habían cultivado y consumido durante siglos.
  • El trabajo de investigadores como el Dr. Gastón Guzmán del INECOL y el Dr. Roberto Garibay-Orijel de la UNAM documenta que comunidades zapotecas, mazatecas, totonacas y nahuas actuales usan regularmente más de 50 especies diferentes de hongos con fines alimenticios, medicinales o rituales — un conocimiento transmitido oralmente durante generaciones.

Las "piedras hongos" de Guatemala

Entre 1000 a.C. y 900 d.C., las culturas del Soconusco (la costa del Pacífico de Guatemala y Chiapas) produjeron miles de esculturas de piedra en forma de hongo con una figura humana o animal en el pie. Se han encontrado más de 200 de estas “piedras hongo” — la mayoría en contextos rituales o funerarios. Wasson y el arqueólogo Stephan de Borhegyi propusieron que representaban el culto al hongo como entidad sagrada. La hipótesis sigue siendo debatida, pero las esculturas son evidencia inequívoca de que el hongo tenía una significación cultural extraordinaria en esas culturas.

Los hongos en Europa: de la brujería al queso

En Europa medieval, los hongos silvestres tenían una relación ambivalente con la cultura dominante. La Iglesia los asociaba con el diablo y la brujería — crecían de noche, en lugares oscuros, sin semilla visible, a veces alucinógenos. El anillo de las hadas — el círculo de hongos que aparece en los prados — era considerado en el folclor celta y germánico el portal por donde las hadas y los espíritus salían a bailar por las noches.

Al mismo tiempo, las culturas campesinas de Europa del Este — polacas, rusas, checas — tenían tradiciones micofílicas profundas. La recolección de hongos en otoño era un ritual colectivo de enorme importancia social. Dostoievski, Tolstoi y Chejov mencionan repetidamente la recolección de setas como actividad central de la vida rural rusa.

El Soma védico: ¿un hongo?

Una de las hipótesis más controvertidas de la etnomicología es la propuesta por Wasson en su libro Soma: Divine Mushroom of Immortality (1968): que el Soma — la bebida sagrada descrita en el Rig Veda (1500-1200 a.C.) como el elixir de los dioses — era en realidad una preparación de Amanita muscaria, el hongo rojo con manchas blancas de los cuentos de hadas. La evidencia que Wasson reúne es sugestiva pero no concluyente. La hipótesis sigue debatiéndose, pero ha generado décadas de investigación sobre el papel de los enteógenos en las religiones de la antigüedad.

La etnomicología hoy: documentar antes de que desaparezca

La investigación etnomicológica contemporánea tiene una urgencia creciente: el conocimiento tradicional sobre hongos está desapareciendo más rápido de lo que se puede documentar. La migración campo-ciudad, el cambio climático (que altera la distribución y temporada de los hongos silvestres), el envejecimiento de las comunidades portadoras de ese saber y la sustitución de la medicina herbal por la farmacología convencional están acelerando la pérdida de un patrimonio de conocimiento acumulado durante milenios.

El trabajo de grupos como el Laboratorio de Micología del Instituto de Biología de la UNAM, el colectivo Micológica 360° y redes internacionales de investigadores indígenas está intentando documentar sistemáticamente lo que queda — antes de que el último portador de ese conocimiento desaparezca sin haberlo transmitido.

En Simbiosis creemos que la etnomicología no es historia antigua. Es un campo vivo, urgente, y profundamente relevante para entender qué significan los hongos en la vida humana — más allá de sus biocompuestos y sus aplicaciones clínicas.

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Referencias: Wasson R.G. (1957). Seeking the Magic Mushroom. Life Magazine. Guzmán G. (1983). The Genus Psilocybe. Garibay-Orijel R. et al. (2006). Understanding cultural significance — the edible mushrooms case. Journal of Ethnobiology and Ethnomedicine.